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17 de Febrero, 2007

Ahí vienen llegando

Por Tenshys - 17 de Febrero, 2007, 21:42, Categoría: Trocitos de mi vida

Sí, por allí vienen llegando las temidas (al menos para mí) abejas.

A pesar de que todavía estamos en invierno, los días comienzan a ser más cálidos.  Ya he visto una o dos revoloteando torpemente entre las hojas del eucalipto que está en el patio y no puedo evitar estremecerme con un poco de miedo.

¿Por qué les temo tanto a esos animalejos, si ni siquiera he sentido nunca en carne propia el pinchazo de algún aguijón?  Sé que en gran parte son muy benéficos para el hombre, digo está la polinización de las flores y también la miel; el caso es que no puedo evitar esta aversión que siento hacia ellas.

Mi casa está situada casi en las afueras de la ciudad (solo hay un fraccionamiento más allá y del otro lado de la carretera), mi colonia está pegada a una huerta de manzanas dónde suelen utilizar enormes colmenas para ayudar en la polinización; en el patio de mi casa, hay plantados un eucalipto enorme y medio hueco pero que aún tiene la gracia de florecer en la primavera y también una lila que nada más llegar el mes de marzo explota en miles de florecillas.  

Hace como 3 años, a los trabajadores de la huerta se les ocurrió poner una de las cajas con abejas justo frente a mi habitación (que mira hacia los manzanos) y claro, que el patio trasero se mantenía lleno de ellas (sobre todo entre las 11:00 a.m. y las 3:00 p.m.), mi pobre perro (que en paz descanse) solo se tapaba la cara y se arrinconaba lo más lejos posible para tratar de escapar de ellas, pero siempre le dejaban uno o dos regalos.

Un domingo, estaba sacudiendo y poniendo al sol la ropa recién lavada... todo era un solo zumbido a mi alrededor, yo tendía lo más rápidamente que podía y ojeaba a uno y otro lado, temiendo que alguna abeja se posara sobre mí, pero supongo que la humedad de la ropa también las atraía porque volaban en torno a mí y yo no tardé en ponerme histérica, sobre todo cuando una quedó atrapada entre mis cabellos, espantada comenzé a dar de manotazos en mi cabeza y a gritar como una loca.  Mi hermana se destornillaba de la risa y yo con un llanto desesperado no podía quitarme a la abeja que ha de haber estado igual de asustada que yo.  Papá acudió en mi auxilio y, salió picado.  Se le hichó la mano como al doble de su tamaño.

Dejé la ropa allí, a medio patio y como me sentía toda débil por el susto, me recosté un poco y me quedé dormida.  Por la tarde, después de asegurarme que no hubiera tantas abejas terminé de tender la ropa.

A la semana siguiente, se llegó nuevante el día de lavar y la hora de salir a tender la ropa; me recogí el cabello y me puse una gorra, un paliacate para cubrirme el rostro, una bata encima de lo que ya vestía y no sé qué más empalmes.  Me veía súper ridícula pero no me importó "intenté" hacer esa labor a toda prisa pero no dejaba de recordar el zumbido en mis oídos y miraba a uno y otro lado y las veía ahí, tan contentas a zumbe y zumbe y a come y come.

Y como si supieran que yo las destestaba quisieron vengarse, y comenzaron a volar entre las prendas que ya estaban tendidas al sol; literalmente me paralizé del terror: no me podía mover, ni gritar; sólo las veía posarse en mis brazos (no es que fuera el enjambre, solo dos o tres de ellas, pero para mí una sola ya era demasiado) y estaba en shock.

De pura casualidad mi hermana me observó y le pareció extraño verme así, de pie y sin hacer nada, se asomó por la puerta y me preguntó si estaba bien, alcanzó a ver a las abejas y se compadeció de mí, las espantó y como pudo me llevó adentro de la casa. Temblando me quité toda "mi protección" y sendas lágrimas caían de mis ojos pero en esta ocasión no había histeria solo cansancio.

Han pasado los años, las abejas siguen viniendo y yo tengo que vencer mi fobia cada vez que salgo al patio... el día de lavar me levanto dos horas más temprano para tender cuando todavía está fresca la mañana y la ropa la recojo ya casi cuando está por meterse el sol.  Este año, estamos ya a mediados de febrero y como dije más arriba... ya he visto llegar a los primeros monstruos.  Como estoy desempleada, he tenido tiempo de quitar las ramas más bajas de ambos árboles, espero con esto evitar aunque sea un poco que las abejitas me hagan pasar malos ratos.

¿Lo lograré?

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